Pray with Silent Untiy






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Afirmación—Soy un centro radiante de vida, amor y alegría, y permito que la vida de Dios fluya en mí y por medio de mí.
 
Meditación guiada de noviembre

No soy yo, sino el Cristo en mí quien hace la obra.

Qué privilegio es unirnos en oración sagrada. Vayamos a una conciencia de potencialidad pura, un campo de posibilidades divinas. Visualizamos un suelo fértil en el cual plantamos semillas de fe y cosechamos bendiciones divinas.

En sociedad con Dios, quitamos todo obstáculo que pueda opacar nuestros pensamientos y abrimos el campo para nuevo crecimiento. Al enriquecer el suelo con pensamientos de gratitud, damos gracias por la bondad en nuestras vidas y damos paso a las nuevas bendiciones.
Centrados en la fe, sembramos nuestras oraciones ahora, dándoles tiempo para que germinen según entramos al silencio…

Al retirarme a la quietud de
mi alma, siento paz absoluta.

Dejamos ir las preocupaciones externas según profundizamos nuestro momento de oración. En este sitio de quietud en el centro de nuestro ser, encontramos la paz que anhelamos según percibimos completamente nuestra unidad con Dios y con toda la creación.

El ritmo de la paz absoluta fluye en nosotros, en cada aliento que tomamos y en cada sensación. Sintiendo nuestra unidad con Dios y con el universo, nos sentimos plenamente gozosos según descansamos en estos momentos callados en armonía con Dios y con todas las cosas…

Mostramos receptividad a la guía del Espíritu y avanzamos con confianza.

Centrados en la paz, abrimos nuestros corazones y mentes ahora a la sabiduría infinita del Espíritu. Descansamos en la seguridad de que la inspiración, el discernimiento y la guía que buscamos se nos revelan. Las respuestas a nuestras preguntas emergen en el momento correcto y de la manera correcta, como semillas que se abren paso en la tierra. Todo se desarrolla de acuerdo con un plan divino.

El Espíritu ilumina nuestras mentes, clarificando e iluminando nuestra perspectiva. Seguros en la sabiduría del Espíritu, regresamos al silencio…

La energía sanadora de Dios
fluye por todo mi cuerpo.
Soy transformado célula a célula.

Damos gracias por nuestros cuerpos templos, los cuales nos permiten sentir completamente el mundo físico. Estas magníficas creaciones responden a la energía sanadora del Dios morador. Nuestros cuerpos son renovados constantemente.

Pongamos nuestra atención en la energía sanadora de Dios que está activa en nosotros ahora. Sentimos que esta energía se mueve en todo sistema, todo órgano y todo tejido para establecer salud perfecta y orden. Reclamamos curación y afirmamos forta-leza, plenitud y libertad para nosotros y para otros. Somos renovados y revitalizados en todo sentido.

Inmersos en la energía sanadora, acudimos a la paz de la oración…

Con un corazón agradecido, aceptamos la abundancia de Dios en nuestras vidas.

Dios es nuestra fuente de bien, nuestro canal directo a la abundancia. Nos mostramos receptivos al fluir divino en estos momentos tranquilos y damos la bienvenida a la expresión plena de prosperidad en nuestras vidas. Un constante ciclo de renovación nos sustenta y nos fortifica.

Estamos seguros de recibir las bendiciones abundantes en todo momento y circunstancia, ya que siempre estamos receptivos a nuestra Fuente. Dando gracias por lo que tenemos y por la abundancia continua que está en camino hacia nosotros, oramos…

En unidad con otros,
creamos un mundo de paz.

Nuestras oraciones nos acercan unos a otros en fe, y en esta experiencia sagrada, sentimos nuestra unidad con toda la gente, con la misma seguridad con la cual sentimos nuestra unidad con Dios. Según nos reconocemos unos a otros como hijos de Dios, vemos a toda la humanidad como familia. Enviamos bendiciones de amor, paz y comprensión a todos alrededor del mundo.

En estos momentos, afirmamos nuevas oportunidades de compartir con otros. Dios nos guía a compartir armonía, prosperidad, sabiduría y bienestar. Regresemos ahora al silencio de la oración…

El momento que pasamos con Dios en oración, siempre produce bien abundante. Nos asimos a esta verdad según nuestra meditación llega a su término. Con energía y entusiasmo renovados, estamos listos para seguir adelante con las actividades de nuestro día, sabiendo que podemos regresar a este espacio íntimo de oración, el campo de las posibilidades divinas, en todo momento que deseemos. Ya que en este lugar sagrado, cocreamos con Dios para que los buenos deseos de nuestro corazón produzcan fruto. Una gran cosecha de bendiciones divinas nos aguarda según nuestra sagrada práctica de oración continúa.

Damos gracias por esta valiosa oportunidad al concluir nuestra meditación. Unámonos ahora para orar la “Oración de protección”:

La luz de Dios nos rodea;
el amor de Dios nos envuelve;
el poder de Dios nos protege;
la presencia de Dios vela por nosotros.
¡Dondequiera que estamos, está Dios!

Meditaciones
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